20 de febrero de 2014

Con licor

Digimon. Royal Knights. Yaoi.

Continuación de: Dulce pasión.
Capítulo 6

El sol estaba bajando cuando Alphamon regresó al castillo de los caballeros. Su fascinante sonrisa traía un toque muy tentador en ese momento, y es que el caballero ya tenía en mente otro de sus perversos planes para obtener la aprobación de Omnimon, estaba seguro de que esta vez tendría que resultar. Había calculado todas las probabilidades, y las repasaba mentalmente mientras subía las escaleras hacia el cuarto de su mano derecha. Había una pequeña posibilidad de que no funcionara, pero para eso tendría que transcurrir un rato, y obviamente él no iba a perder el tiempo.


Revisó los bolsillos de su pantalón. Ahí estaban, tres adelante y dos atrás, solo por si acaso. Llamó a la puerta, y seguido del "pase" de Omnimon, Alphamon se dispuso a disfrutar de aquella tarde como no disfrutaría de otras en mucho, mucho tiempo.

-Hola Omnimon-le saludó con un deje muy galante, como era su estilo.

El digimon blanco levantó inconscientemente las antenas amarillas al escuchar la voz del recién llegado, y su cuerpo comenzó con esas evidentes reacciones al saberse cerca de Alphamon; su rostro se coloreó sin quererlo, las piernas le flaquearon aún cuando estaba sentado en el suelo, sus antenas vibraron y sus manos se calentaron y comenzaron a sudar. Levantó la cara con algo de recelo para evitar que se notara lo nervioso que se había puesto.

-Hola Alphamon, ¿necesitas algo?

-Mmm-Alphamon sonrió con malicia-te he dicho que no me preguntes eso…

La vista de Omnimon se pegó en el techo para esconder su vergüenza.

-Perdón…-suspiró-¿En qué te puedo ayudar?-corrigió.

Alphamon avanzó con las manos en sus bolsillos, con ese seductor compás que siempre acompañaba sus pasos, hasta detenerse frente a Omnimon. Se agachó y se acomodó a su lado. Omnimon no podía ignorar el calor que lo alcanzaba desde el cuerpo de Alphamon, o ese perfume irresistible que le entraba por los poros. Tembló de los nervios y trató de concentrarse en ordenar la pila de papeles que se había caído de la mesa por una ventana abierta.

-Nada especial, solo quería hablar contigo un momento…-recorrió con la mirada el cuerpo delgado de Omnimon y se detuvo en su cuello, siempre con ganas de morderlo como un vampiro a su presa-Por cierto, te traje algo-dijo mientras se enderezaba y sacaba un bombón de su bolsillo delantero.

Su acompañante se giró un poco para ver, y al percatarse de que era un chocolate, no pudo menos que sentirse ansioso y se le hizo agua la boca. Que debilidad sentía siempre por los chocolates.

Alphamon lo levantó hasta ponerlo frente a su cara, justo entre la mirada de ambos. Omnimon miraba el dulce como un felino a un indefenso canario. Qué bien que estuviera así de ansioso.

-¿Quieres?-le preguntó con un tono cargado de sensualidad.

Omnimon afirmó con la cabeza, siempre sonrojado. Alphamon procedió a quitar lentamente el envoltorio, el que junto al resto, le llevó media hora en reemplazar por envoltorios de chocolates aparentemente "inofensivos" para Omnimon. Hecho esto, lo sostuvo a escasos centímetros de la boca de su consentido, siempre con su sonrisa juguetona.

-Abre-le dijo despacio.

El digimon blanco abrió lentamente la boca, y cuando se acercó para tomar el chocolate de los dedos de Alphamon, se percató de la trampa en la que estaba cayendo y se detuvo en seco.

-¡No juegues conmigo!-le dijo molesto y se dio la vuelta para seguir ordenando los papeles, terriblemente avergonzado de ser tan endeble a las jugadas de su superior.

-Anda… sabes que quieres-respondió Alphamon a su vez con un ronroneo que le erizó la piel a su pequeña víctima.

Omnimon trató de ignorarlo y continuó ordenando los papeles. Alphamon levantó los hombros y en el segundo que se llevaba el chocolate a la boca, su compañero se volteó y se lo quitó de un movimiento de las manos, llevándoselo a la boca y desapareciéndolo de la faz de la tierra.

Alphamon se quedó observando con una sonrisa y una expresión irónica a Omnimon, quien con el rostro de un niño emocionado, acababa con el chocolate y se lamió un dedo.

-¿Estaba bueno?-le preguntó.

Su mano derecha afirmó con la cabeza, y de pronto se percató de algo. Sus ojos cambiaron de la felicidad al espanto, sus dedos se cerraron y sus antenas se erizaron, casi horrorizado. Tragó lentamente el chocolate por no devolverlo y giró su cabeza hacia Alphamon, pidiéndole una explicación con la mirada. Alphamon no dijo nada y procedió a meter su mano en su bolsillo nuevamente, con su plácida sonrisa siempre pintada.

-Son…chocolates con licor-tartamudeó Omnimon.

-Así es-terminó de quitarle el envoltorio al segundo-Deliciosos ¿verdad?

Omnimon hubiera querido decir que sí, pero ese extraño mal que le afectaba y le prohibía tajantemente probar el más leve sabor a licor se lo impidió. Su lengua repasó el delicioso y mortal sabor una y otra vez, mientras sus ojos se iban junto al segundo bombón que Alphamon se llevaba a la boca. La suya propia ya se hacía agua.

-¿Me… me lo das?-le preguntó inseguro. Sabía que se arriesgaba demasiado.

Alphamon se detuvo en seco y cambió de posición, llevando el peso de su cuerpo hacia su brazo apoyado tras de sí.

-¿Lo quieres?

-Si…-Omnimon no le quitaba los ojos al chocolate-por favor.

Hummm… que delicia escuchar a Omnimon pedir por favor, aunque no era necesario decir aquellas tiernas palabras; Alphamon estaba dispuesto a entregarle cuanto quisiera solo con decirlo. Le pareció algo divertido y cruel abusar de esa debilidad de su mano derecha para conseguir lo que deseaba, pero ya se le acababan las ideas.

-Ven por él-musitó el apuesto digimon, y dejó el chocolate atrapado entre sus tentadores labios.

Omnimon se sonrojó muchísimo. Se dio cuenta de lo bien que hacía Alphamon jugando con él; estaba seguro de haber visto tácticas parecidas con Ulforce. Era muy fácil confundir a esos dos, ¿Cómo es que no era su hijo? Apuesto, galán, perverso y muy astuto. Se acercó con cuidado, apoyando su mano en el espacio que se formaba entre las piernas de Alphamon, inclinó su cuerpo hacia adelante y estiró un poco su brazo, pero…

-A ah-Alphamon le detuvo con una mano y la dejó en el suelo. Omnimon se dio cuenta de que no podría evitarlo y tendría que quitárselo con su propia boca, si es que lo quería.

El problema radicaba en que Alphamon era muy rápido, y el más leve descuido le significaría un delicioso beso con gusto a chocolate y licor.

No, no podía permitirse eso, no podía dejarse engañar por un chocolate, un beso le significaría una traición a su amado Gallantmon. Pero… la tentación era demasiado grande. No sabía a dónde se le iban los ojos, si al chocolate esperando entre los labios de su ex enamorado, su camisa medio abierta dejando al descubierto su grueso cuello y parte de sus músculos, o esa pose tan sexy con que lo llamaba.

No, no valía la pena un error irremediable por un chocolate…

¿O sí?

-Bueno-Alphamon se cansó de esperar e hizo ademán de tragarse el chocolate, cuando Omnimon volvió a sorprenderlo y agarrando el chocolate entre sus dientes, tiró de él y se lo arrebató de la boca sin llegar a producir ni el más leve roce.

Alphamon se quedó con los ojos y la boca muy abiertos. Apenas sintió el calor de Omnimon una milésima de segundo junto a su rostro, y el dulce había desaparecido. Levantó un poco la cabeza y vio a su mano derecha engullir el chocolate casi extasiado.

Bueno, al menos ya está surtiendo el suficiente efecto…-
sonrió con malicia y sacó el tercero.

Omnimon disfrutó plenamente del segundo bombón y se lamentó cuando a los diez segundos había desaparecido de su boca, dejando ese exquisito rastro a licor que se le hacía tan poco. Quería más, mucho más.

-¿Qué tal?-le preguntó Alphamon terminando de abrir el tercero.

-Delicioso…-respondió Omnimon. Su antena vibró percibiendo ese singular sonido a papel arrugado, pero fue bastante tarde, o Alphamon lo suficientemente malvado como para comerse el chocolate sin siquiera avisar de su existencia. Escuchó el "crack" del bombón romper dentro de su boca, y vio mentalmente el líquido espeso y relajante del licor con sabor a guinda sangrar y mezclarse con los pedazos del dulce… Se sintió engañado.

Sin darse cuenta de lo que hacía, Omnimon se levantó y tiró de la camisa de Alphamon atrayéndolo hacia su cuerpo. Sus labios se encontraron y Alphamon, entre la sorpresa y el placer, consiguió por fin uno de los tan anhelados besos de Omnimon. Cerró los ojos, agradecido de no haber muerto sin haber recibido ese regalo por tanto tiempo. Sintió junto a su cuerpo el calor que desprendía el cuerpo de su amado, y su aroma mezclarse con el suyo. La lengua de Omnimon recorrió con ansias la boca de Alphamon, cosquilleándole el paladar y acariciarse con la de él, jugó con ella y con los pedazos de chocolate bañados en licor de cereza, y sin que pudiera notarlo, Omnimon se los robó de la boca y los pasó a la suya, separándose unos centímetros para masticarlos y comérselos con deleite. Un pequeño hilo del manjar se deslizó por la comisura de los labios de Alphamon, y Omnimon los recogió con una lenta y placentera lamida que siguió por encima de sus labios y volvió a su boca nuevamente, llevándose todo rastro de chocolate.

Omnimon se hizo hacia atrás y se relamió de forma casi erótica, provocando las ansias de Alphamon, quien aún sin creerse muy bien lo que había ocurrido, degustó el sabor que Omnimon le había dejado en los labios. Su compañero se llevó los dedos a la boca para limpiarse el chocolate que su lengua no alcazaba.

-¿Te gustó?-preguntó Alphamon sin poder recobrar su estilo relajado. No podía salir del asombro de Omnimon dándole un beso tan húmedo y apasionado, aquel que siempre se había negado hasta al más sencillo de los besos.

-Estuvo delicioso-respondió este a su vez, mirándolo de esa forma tan excitante. Una mirada que no era propia de él, sino de aquella sombra que permanecía siempre dormida y despertaba ante el más pequeño indicio del licor, y era capaz de las más frías crueldades en el amor-¿Tienes otro?

Alphamon ya había notado el cambio por el cual había pasado Omnimon, intentó relajarse al saber su ansiada victoria conseguida, pero esa mirada provocadora y que había visto en contadas ocasiones, lo ponía "nervioso". Ulforce se reiría cuando se lo contara.

-Sí-y no alcanzó a terminar, puesto que Omnimon se le vino encima, dejando sus labios rozándose y sus manos sobre los pectorales de Alphamon.

-¿Dónde?-susurró, sintiendo la respiración de ese hombre tan atractivo al que se negaba totalmente. ¿Cómo le hacía para decir siempre que no? ¿Y por qué? Bah, ya ni se acordaba. Repasó con sus manos el pecho de Alphamon por sobre su camisa, tanteándolo y buscando más.

-En mi bolsillo-se le escapó casi en un gemido ahogado por las ganas y el deseo de poseer a Omnimon.

El digimon sonrió y deslizo sus manos por su tórax, contando uno a uno los músculos de su vientre y apoyando sus manos en sus muslos. Alphamon se sonrojó, como nunca le ocurría.

-¿Cuál?-volvió a preguntar Omnimon, acariciando lenta e incitantemente desde la cadera hasta las rodillas, paseándose por sus muslos y por sobre su sexo, el que ya se pronunciaba bajo los pantalones.

"¿Porqué no me los guardé adelante?"
maldijo Alphamon.

-Atrás-respondió, y las manos de Omnimon obedecieron, tanteando y acariciando, colándose bajo su camisa, mientras su cuerpo se había apegado al de él, traspasándole ese calor tan intenso. Alphamon quiso detener ese juego, o las ansias se lo comerían allí mismo, por lo que llevó una mano a la cintura de Omnimon, pero este se levantó lentamente con los dos últimos chocolates en su poder. Sonrió el felino al tener a su presa entre sus garras, y mientras se volteaba y apoyaba su espalda contra el cuerpo de su líder, quitaba lentamente el papel a los dulces.

El digimon oscuro por su parte, respiró un poco y sus manos se hundieron bajo la camisa de Omnimon, acariciando con ternura e impaciencia, ese cuerpo tan anhelado. Su boca se fue en un torrente de besos que humedeció el cuello de Omnimon y le hacía soltar ligeras risas del gusto mientras que su lengua jugaba con el bombón antes de degustarlo y devorarlo.

Levantó su brazo y acarició el rostro de Alphamon, mientras el chocolate se derretía en su boca y el calor iba en aumento.

-Te he deseado tanto Omnimon…-le dijo él, besando sus orejas y mordiéndolas suavemente, mientras que sus manos ardían con el contacto de la piel de Omnimon. Tiró y masajeó sus tetillas, muriendo de ganas por probarlas. Su compañero solo sonreía y se dejaba tocar, complacido, mientras quitaba el envoltorio al segundo chocolate, sintiendo como algo tras de sí empujaba con insistencia, impaciente por tomar su lugar-prométeme algo por favor-musitó Alphamon.

-¿Qué sería eso?-preguntó Omnimon lamiendo el bombón.

-Después de esto, dejarás a Gallantmon, prométemelo.

-¡Ay Alphamon!-se quejó el digimon blanco sin disimular su sonrisa-¿Siempre dices cosas desagradables antes de acostarte con alguien?

El digimon se detuvo al instante y apoyó la frente en el hombro de su compañero.

-¿Lo harás?-repitió.

Omnimon estiró la pierna y paseó su mirada por el lugar, con el chocolate en sus labios. "Justo cuando empezaba a entrar en calor" se lamentó. Tal vez aún podría volver a prenderse, y tomó la mano de Alphamon por encima de su muslo y la guió hasta abajo, muy abajo.

-Olvídate de Gallantmon, ¿Cómo puedes meterlo en una situación así?-acarició con la mano de Alphamon por sobre su sexo-¿No te gusta?-dijo, mirándole y sonriendo para convencerlo.

Alphamon se estremeció un poco. "Dios…no puede ser que esto esté pasando" cerró los ojos, y frotó con un poco más de presión, sintiendo su tamaño y dureza. Omnimon dejó escapar un pequeño gemido, acariciándolo, con el chocolate en su boca. Su compañero quiso continuar, seguir y tomar mucho más, pero algo lo interrumpía, le cortaba de raíz el deseo y le apagaba sin remedio. Dejó salir el aire en su pecho y se detuvo.

-No quiero compartirte, quiero que seas mío; di que dejarás a Gallantmon, por favor…

Omnimon se dio el tiempo de tragar su dulce, y esperar que la tensión de las palabras de Alphamon disminuyera. Se volteó, le acarició el rostro y sonrió.

-De acuerdo, haremos esto. Tráeme una bolsa de estos mientras yo voy y renuncio al amor de Gallantmon. Esta noche iré a tu habitación y…-le miró de forma pícara-terminaremos esto ¿De acuerdo?

Alphamon se sintió en parte decepcionado y a la vez extremadamente feliz. Omnimon le entregaría su amor por fin, y con eso, ya nada en el mundo le haría falta. Sería feliz al lado de quien más amaba, y no habría una traición de por medio. Sonrió y sostuvo la cabeza de su amado entre sus manos, dándole un último beso.

-Gracias…te haré feliz, como a nadie, te juro que no te arrepentirás-dijo emocionado.

-Por supuesto-sonrió y acarició su hermoso rostro-¡ahora ve!

El digimon oscuro se levantó y salió de la habitación. Omnimon suspiró y se dejó caer al suelo. Los chocolates habían estado deliciosos. Miró a su alrededor y vio una pila de papeles y muchos otros desparramados. ¿Cómo habrían llegado allí? Hum… ni idea. Sonrió ante la idea de los chocolates que vendrían. El castillo estaba a casi una hora de la civilización, y las ganas que Alphamon le había dejado no se irían. ¿Dónde estaba Gallantmon en ese momento? Ah sí… en la sala de reportes.

Se levantó con energía y salió a buscarlo.

Esa tarde, cuando Alphamon regresó, se encontró con que Omnimon estaba dormido. No volverían a hablar hasta el día siguiente, en que el digimon blanco se despertaría con un terrible dolor de cabeza, y una pila de envoltorios de chocolate regados en su cama.

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